Don Ramón pudo ser culpable.

En un par de presentaciones de Loca Serenidad ocurrió algo que me llamó especialmente la atención. Al terminar, mientras hablábamos de la novela, algunos lectores me confesaron que durante buena parte de la historia habían desconfiado de Don Ramón. Aquel hombre aparentemente bueno, siempre dispuesto a escuchar y a repartir consejos, les parecía demasiado bueno para ser verdad.
—Yo estaba convencida de que Don Ramón escondía algo —me dijo una lectora.
Sonreí. Y tengo que reconocer que aquella sospecha me resultaba especialmente divertida porque lo que ella no sabía era que, mientras escribía la novela, en algún momento a mí también se me había pasado por la cabeza algo parecido.
Cuando comencé Loca Serenidad tenía bastante claro el camino que debía seguir la historia y también cuál sería el destino de sus personajes. Don Ramón ocupaba su lugar dentro de ella y yo sabía perfectamente cuál era su papel. O, al menos, eso creía.
Porque llega un momento, cuando llevas muchas páginas conviviendo con un personaje, en el que empiezan a ocurrir cosas extrañas. Lo has creado tú, le has puesto nombre, has decidido cómo habla, qué piensa, dónde vive e incluso cómo reacciona ante determinadas situaciones, pero poco a poco comienza a comportarse como si tuviera cierta independencia.
Y Don Ramón empezó a caerme bien. Mucho mejor de lo que probablemente debería caerle un personaje a quien tiene la responsabilidad de decidir su futuro.
En algún momento de la escritura apareció entonces la duda. ¿Y si aquellos lectores que después desconfiarían de él llevaban razón? ¿Y si detrás de aquel hombre afable, de sus consejos y de su aparente bondad había algo más? Convertirlo en alguien diferente de quien parecía ser habría supuesto un giro importante en la novela.
Lo pensé. No demasiado tiempo, tengo que reconocerlo.
Porque para entonces ya había cometido un error que quizá un escritor debería evitar: me había hecho amigo de Don Ramón. Y uno puede modificar una escena, eliminar un capítulo, cambiar una conversación e incluso alterar el destino que había imaginado para alguno de sus personajes. Pero convertir a un amigo en otra persona solamente para sorprender al lector me pareció demasiado.
Así que Don Ramón continuó su camino y yo seguí escribiendo la historia que tenía prevista.
Tiempo después, cuando aquellas personas me dijeron en las presentaciones que habían sospechado de él, volví a pensar en aquella posibilidad. Quizá hubiese conseguido un giro inesperado. Tal vez algún lector habría cerrado el libro sorprendido y habría pensado que llevaba toda la novela engañándolo.
Nunca lo sabré. Lo que sí descubrí escribiendo Loca Serenidad es algo que antes había escuchado decir muchas veces a otros escritores y que no terminaba de creerme del todo: llega un momento en que algunos personajes empiezan a pedirte cosas.
Y no siempre resulta fácil decirles que no. Don Ramón consiguió de mí exactamente lo que quería. Aunque, ahora que lo pienso, quizá eso también demuestre que era bastante más listo de lo que parecía.
Gracias por compartir conmigo este ratito de domingo.
Un abrazo.
Diego Santos
La puerta sigue abierta en:
12 Comments
Buen domingo!!! Yo pensé que escondía algo, que su amabilidad, sus consejos no eran totalmente reales. Te hace pensar desde el principio que escondía algo
Ramon ya es parte de todos los que hemos tenido el placer de leer Loca Serenidad
Enhorabuena por tu libro Diego
Gracias Caro. Al parecer, muchas lectores pensaban eso, es más mi intención era parecida, pero Don Ramón me ganó. ¡Un abrazo!
No siempre tiene que haber un secreto detrás de una sonrisa no toda amabilidad es una estrategia, sencillamente, hay personas que son así,pero tampoco creo que don Ramón sea perfecto, nadie lo es! Feliz domingo
Gracias Helena. ¡Un abrazo!
Muchas veces en la vida, las personas más malvadas ruines y peligrosas. Suelen ser las que aparentan tener más amabilidad educación y bondad que nadie.El lobo con con piel de cordero.
Está muy bien Diego, que como Don Ramon, podamos seguir teniendo un poco de fe en las personas. Cosa cada día más difícil.
Así que vivan las gentes como Don Ramon.
Feliz domingo.
Gracias Juan José. ¡Un abrazo!
Muy interesante lo que cuentas ,Diego. Siempre me ha fascinado el proceso creativo de un escritor. Un saludo.
Gracias Mercedes. ¡Un abrazo!
Loca Serenidad .. genial Diego.. Don Ramón.. gran personaje….has logrado plasmar en un libro vivencias donde podemos ver las pasiones y los defectos que nos acompañan en el camino de la vida..
Buen domingo ❤️
Gracias Lilian. ¡Un abrazo!
Buenos días a todos,
Las apariencias de bondad y tolerancia a veces esconden secretos inconfesables, pero como en la novela de la Sonrisa Etrusca nunca es demasiado tarde para cambiar nuestra manera de ver la vida.
Gracias José. ¡Un abrazo!
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