Las personas que nos regalaron la lectura

Hay recuerdos que llegan sin avisar.
A veces basta una conversación, una fotografía o el olor de un libro antiguo para que la memoria nos lleve muchos años atrás.
Hoy quiero volver a uno de esos recuerdos.
Mi padre trabajaba en la construcción. Cuando terminaba la jornada regresaba a casa, se duchaba, se arreglaba y, casi siempre, salía a dar un paseo por la plaza del pueblo, donde vivíamos. Solía acercarse al bar de Antoñito, «el del café», y tomar una cerveza acompañada de una tapa, como era y sigue siendo costumbre en muchos pueblos de la Costa del Sol.
Cada dos miércoles había una pequeña tradición.
En el bar aparecían Paco y Pedro, dos amigos de mi padre que venían desde Málaga. Eran representantes de ropa y recorrían las tiendas de Marbella y de los pueblos cercanos. Entre conversación y conversación, un día decidieron regalarle a mi padre una bolsa llena de revistas.
No podían imaginar que, con aquel gesto tan sencillo, estaban cambiando la vida de un niño.
Eran ejemplares de Selecciones de Reader’s Digest, una revista muy conocida en aquella época. En sus páginas convivían reportajes, curiosidades, relatos breves, humor, reflexiones y pequeños juegos de vocabulario.
Yo tendría unos diez años.
Al principio solo hojeaba las últimas páginas. Leía un chiste, una frase ingeniosa, un acertijo… y volvía al día siguiente para leer otro. Sin darme cuenta, aquellas revistas despertaron algo que hasta entonces dormía dentro de mí.
Muchas veces pensamos que nuestra pasión por la lectura empezó con una gran novela.
La mía no.
Empezó con una bolsa de revistas que alguien decidió regalar.
Me las fui leyendo una tras otra. Más de cincuenta, si la memoria no me falla. Y cuando Paco y Pedro descubrieron que aquel niño esperaba con ilusión cada nueva entrega, cada cierto tiempo aparecían con otra bolsa llena de revistas.
Hoy pienso que ellos tampoco sabían que estaban construyendo un lector.
Un tiempo después, en una de aquellas visitas, llegó otro regalo.
Un libro.
Era Tarzán de los monos.
Aún recuerdo la emoción de tener entre las manos una historia completa, distinta a todo lo que había leído hasta entonces. Aquellas aventuras ampliaron un poco más el horizonte de aquel niño que empezaba a descubrir que los libros podían llevarte a cualquier lugar.
Y la historia no terminaba ahí.
Debajo de mi casa trabajaba mi tío Salvador, hermano de mi padre. Era barbero —hoy diríamos peluquero— y en su pequeño local había una colección de novelas del Oeste. Allí conocí nombres como Marcial Lafuente Estefanía o Silver Kane, que esperaban pacientemente a que algún cliente terminara de cortarse el pelo… o a que un niño curioso volviera a abrir una de sus páginas.
Ahora, mirando hacia atrás, me doy cuenta de que un lector nunca nace de repente.
Se va construyendo poco a poco.
Con una bolsa de revistas.
Con un libro inesperado.
Con una barbería llena de novelas.
Con personas que, sin saberlo, van dejando pequeñas semillas que un día acaban floreciendo.
Quizá por eso sigo creyendo que los libros siempre llegan de la mano de alguien.
Hoy he recordado a mi padre, a Paco, a Pedro y a mi tío Salvador.
Ellos no imaginaron que aquellos pequeños gestos acabarían llevándome, muchos años después, hasta las bibliotecas, hasta los grandes autores… e incluso hasta escribir mis propias novelas.
Y ahora me gustaría hacerte una pregunta.
¿Quién fue la persona que despertó tu pasión por la lectura?
Quizá un padre.
Una madre.
Un maestro.
Un amigo.
O un librero.
Me encantará leer tu historia en los comentarios.
Gracias, de corazón, por regalarme unos minutos de tu tiempo.
Un abrazo.
Diego Santos
La puerta sigue abierta en: http://www.diegosantosmarquez.com
6 Comments
Muy buen domingo a todos!!
A mi realmente nunca me llamó la atención esto de leer.
Que yo recuerde lo más que leía eran las revistas del superpop de aquellos tiempos de adolescencia. El único libro que recuerdo fue, Fray Perico y su borrico que lo mandaban siempre para leer en el cole jjj.
La pasión por la lectura me llegó ahora, en mi segunda juventud 😂😂 y gracias a mi gran y querido amigo Diego. Y empecé con su libro Loca Serenidad y de ahí ya no he parado. El leer me llegó más tarde, pero como dice el refrán, “nunca es tarde si la dicha es buena”
Que paséis un feliz día ❤️
Gracias Caro. Pues sí, nunca es tarde para nada. Y bien, lo sabes. Disfruta de esta etapa de lectura. ¡Un abrazo!
Mis primeras lecturas me las regaló una amiga de la calle donde nací, que me compartió sus libros de Los Cinco y del Club de los 7 secretos; después mi añorada hermana Guadalupe, que estaba suscrita al Círculo de Lectores, y por último, mi querido profesor de Literatura, Agustín Lasarte, a quien siempre recuerdo como a un gran hombre y extraordinario docente
Gracias Concha. Mirar atrás y recordar a esas «personas libros» es un gustazo. ¡Un abrazo!
No puedo mencionar una persona concreta que despertara mi interés por la lectura. Empecé con los tebeos, después vinieron las novelas del oeste y las de Corin Tellado. Lo que sí puedo decir es que fue mi amiga de la adolescencia, » La Peli» ( asi llamada por su preciosa melena pelirroja) , la que posibilitó que me convirtiera en una lectora entusiasta. Ella trabajaba cuando yo todavía estaba estudiando, y era socia de » El círculo de lectores» y me prestaba los libros que compraba. Un saludo
Gracias Mercedes. Bonita historia que nos cuenta de aquella amiga que te ayudo a amar los libros. ¡Un abrazo!
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